Historia del Colegio Yorkín  
 
 
 
 


Historia del Colegio Yorkín

En el año 1976 comenzó el funcionamiento del Instituto de Colaboración y Educación Familiar –ICEF-, cuyos cursos de pedagogía familiar suscitaron en algunos padres asistentes la inquietud y necesidad de fundar unos colegios con los mismos principios de formación humana y espiritual de este instituto. Sirvió de estímulo aquella expresión tan sabia de San Josemaría Escrivá de Balaguer, inspirador de sendas vías de educación: “todo lo grande nace pequeño”, claro, también aprendimos a sumar así deuda tras deuda. Nos aliviamos mucho de congojas con el hecho cierto de no estar erigiendo una obra lucrativa, sino de servicio.

Asumida aquella premisa de empezar por lo pequeño, unas pocas personas comenzaron a reunirse en junio de 1982 para planear los colegios de la hoy Asociación para el Desarrollo Educativo y Cultural –ADEC-: Preescolar Los Olmos, Colegio Iribó  (que significa “camino”) y Colegio Yorkín (que significa: “río espumoso”), había premura, había urgencia; se hacía todo con una briosa calma: la necesidad de formación humana y espiritual era cada vez más sentida, como lo es ahora y lo será siempre, además de la excelencia mediante una “exigencia” académica. Se tenía clara la necesidad de darle a nuestra sociedad un mayor basamento cristiano, tal y como nos insistía Víctor Palomino cuando venía de Guatemala a transmitirnos su experiencia, cimentada en los colegios de este hermano país, con más de diez años de vida en ese entonces.

La meta era la misma: formarles a los estudiantes una conciencia cristiana del mundo y de la vida, una mayor libertad responsable, capacidad de tomar decisiones, sentido crítico, espíritu de trabajo y servicio, excelencia académica y moral. Por lo mismo en nuestro esquema de organización los padres ocupan el primer lugar, continúan los profesores y el tercer lugar lo tienen los alumnos, quienes reciben el flujo benefactor de padres y profesores trabajando como un eficiente equipo.

El Colegio Yorkín nació en la manos de aquel grupo organizador, constituido por Rafael Esquivel Iglesias, quien lo presidía,  Carlos Roberto Montero Quirós, José Roig Oller, Jorge Palarea Herrarte, el presbítero Juan Aznar y Enrique Vargas Soto, luego se fueron incorporando más personas entre ellas Gilberth Campos Gamboa y Mario Jiménez Royo, ellos lo hacían todo: planear el arranque, conseguir recursos económicos, visitar grupos de padres de familia, entrevistar profesores, buscar la sede, adquirir equipo de oficina, estudiar la figura jurídica, establecer relaciones con Guatemala y más.

El nacimiento fue veloz, y para Octubre de 1982 se contacto a Helbert Guevara Mayorga, quién apenas había abandonado las aulas universitarias y lo ataban ciertos vínculos con la Universidad de Costa Rica. Se le pidió que fuese el director del Colegio Yorkín y que viajase a Guatemala al Colegio El Roble, para tomar la experiencia posible, porque se comenzarían lecciones en marzo de 1983. Obediente, ejecutivo y bien dispuesto, metió alma,  vida y corazón a este proyecto educativo. Estuvo siete años en él, hasta el quebranto de su salud, navegó valientemente por aquel “río espumoso” y lo hizo muy bien.

Respecto al nombre del colegio, hubo varias propuestas tales como; “Quicarapec”, Fontanal, Corobicí, y  el actual Yorkín el cual fue propuesto por don José Antonio Sauma Aguilar.

Como otros centros educativos tenemos símbolos que nos identifican, entre estos esta el escudo que nos representa. En el mismo aparece una estrella que determina la ubicación del colegio en la provincia de San José; también posee unas líneas onduladas que representan al río Yorkín, su color es el azul, en heráldica la piedad..

El escudo, además, posee tres llamas rojas, este color en heráldica representan el valor y el coraje, en nuestro caso, cómo tuvimos que enfrentar los primeros tiempos, y la constancia en el logro de los objetivos que nos hemos trazado.  Estas llamas demuestran cómo funciona nuestro sistema educativo. Las llamas más altas representan a los padres y a los profesores, las que acuerpan a la más pequeña: los alumnos, quienes reciben el influjo benefactor de los dos elementos primarios.

Los elementos del escudo están también rodeados del color blanco, la que es símbolo de la fe y la pureza de los ideales que se quieren impregnar en los que se forman en nuestro centro.

Todas estas virtudes se recogen en nuestro himno el que en sus versos las destaca.

En marzo de 1983 se inauguró oficialmente el Colegio con veintisiete alumnos distribuidos de primero a cuarto grado de primaria. Pasaron diez años y unos meses con la sede en Sabana Norte y a partir de la tercera semana de Julio de 1993, estrenamos sede propia en Lomas de Ayarco Sur en Curridabat, San José.

Todo lo anterior suena muy fácil y se lee más rápido, pero el tiempo se hace largo cuando se piensa en tantas gestiones, oraciones, trabajos, desvelos, ideas y aportaciones de gentes de buena voluntad, estrellas rutilantes de generosidad cuyos nombres guardará el cielo en el libro de la vida y que hicieron realidad este gran proyecto, nuestro querido Colegio Yorkín. 

 

 
 
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